Papá, me aburro!

El pasado sábado estaba concentrado trabajando en el ordenador cuando, de repente, sonó la temida frase:

Pablo González

5/27/20261 min leer

El pasado sábado estaba concentrado trabajando en el ordenador cuando, de repente, sonó la temida frase:

"Papá... me aburro".

Irene, mi hija de 8 años, ya estaba cansada de todo lo que había en casa. Mi primer pensamiento fue: “¡Mierda! Ya no me va a dejar trabajar más, ¿qué hago?”​

Y es que pensamos que un niño aburrido es un problema que nos toca solucionar a nosotros.
Seamos sinceros: lo más fácil, rápido y efectivo a corto plazo suele ser una pantalla.
¡Bendito remedio!

Sin embargo, ahora descarto esa opción de móvil o tablet.
-Bueno! En realidad las descarto todas.
¿Por qué?
Porque cuando aguantas las quejas y las caras largas durante un rato, ocurre lo impensable. El niño que no tenía “nada que hacer”, de repente, coge unas hojas y rotuladores, mueve las sillas para montar una cabaña o inventa algo maravilloso.

El aburrimiento no es malo;
es la motivación para desarrollar la creatividad y la imaginación.

Es muy sencillo: cuando les damos todo “masticadito”, les robamos el tiempo que necesitan para pensar por sí mismos. El aburrimiento es un vacío que obliga a la mente a ponerse en marcha, a buscar soluciones y a imaginar algo nuevo.​

Este es mi consejo:
Que se aburra. Que resuelva 'su problema'.
El aburrimiento no es una situación que necesite que tu le soluciones.

Me lo agradecerás.

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